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¿Debemos dejarle ganar siempre?

5 pautas para ayudar a tu hijo a aumentar su tolerancia a la frustración y enseñarle a perder

La frustración puede definirse como una sensación de impotencia que aparece cuando no alcanzamos los objetivos que nos proponemos o cuando nos encontramos ante situaciones no deseadas. Desde bien pequeños los niños comienzan a experimentar esta sensación desagradable: cuando papá dice que ya no es hora de jugar, cuando no me salen los ejercicios de mates, cuando mamá dice que hoy no puedo ir a casa de mi amiga o cuando no me compran ese juguete tan deseado del supermercado…

No alcanzar aquello que desean y en el momento en que ellos quieren produce malestar y sensaciones desagradables en los más pequeños que, en multitud de ocasiones, expresan de la única forma que en ese momento conocen: rabietas, gritos, llantos… Es en este punto cuando muchos padres caen en el error de aliviar esta frustración de sus hijos satisfaciendo al instante sus deseos o evitándoles cualquier situación que pueda generar en ellos estas sensaciones. Sin embargo, enfrentarse a estas situaciones les permitirá entrenar su esfuerzo y su constancia; y desarrollar estrategias y habilidades psicológicas para en el futuro tener la capacidad de enfrentarse a fracasos y situaciones adversas; y no rendirse cuando no consigan sus objetivos a la primera.

Una de las situaciones más comunes en los salones de casa y más oportunas para iniciar el entrenamiento en tolerancia a la frustración es el de «la pataleta porque he perdido a un juego». A continuación os dejamos unas pautas sencillas con las que conseguiremos manejar este tipo de situaciones y además aumentar la tolerancia a la frustración de nuestros peques:

  1. No le dejes ganar siempre para evitar su rabieta. Es importante que los niños experimenten las sensaciones negativas que supone perder, esto les ayudará a identificar que no todo sale siempre como nosotros queremos y en un futuro este aprendizaje será clave para enfrentarse a obstáculos y fracasos.
  2. Déjale ganar alguna vez. Para evitar que acaben por rechazar el juego es importante que no pierdan de forma sistemática.
  3. Refuerza y elogia todo lo que haga bien. Durante el juego señálale las cosas que vaya haciendo bien y recuérdaselas cuando acabe el mismo aunque haya perdido. Se trata de centrar su atención en los aspectos positivos del juego, no únicamente en el resultado: lo que ha aprendido, lo que ha hecho bien, lo divertido que ha sido el juego y compartir tiempo con los demás…
  4. Ayúdale a expresar su enfado y frustración. Cuando exprese su frustración por haber perdido de manera adecuada, debemos reforzárselo, mostrar empatía y ayudarle a canalizar esos sentimientos: pregúntale cómo se siente y deja que hable de ello, ponle palabras a sus emociones, vuelve a centrarlo en los aspectos positivos y anímale a que lo siga intentando porque de ese modo podrá conseguirlo en futuras ocasiones.
  5. Ante conductas de enfado extremo o agresividad lo mejor es: parar el juego y explicarle que ante esas reacciones el resto no va a querer compartir juegos con él e ignorar su pataleta. Cuando haya conseguido bajar su nivel de enfado y relajarse, será el momento de hablar con él sobre cómo se ha sentido por haber perdido y cómo se han sentido los demás con su conducta. Una vez que se ha hablado de estas emociones, es importante motivarlo para que vuelva a intentarlo la próxima vez.

Si, a pesar de seguir estos consejos, es difícil controlar sus explosiones de ira y sus rabietas, probablemente resulte adecuado consultar con un especialista en psicología infantil que pueda guiaros de forma más específica y enseñar a vuestro peque algunas estrategias y habilidades para potenciar su autocontrol y su tolerancia a la frustración.

Andrea Fuentes Marcos

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