¿Cómo hablar para que mi hijo me escuche?

La desobediencia en los niños es uno de los temas estrella en las tertulias de padres y madres: “No hay manera de que se siente a hacer los deberes”, “Todo es una pelea, si por él fuera solo jugaría a la tablet” “No sabes cuantas veces tengo que repetirle que haga las cosas”. Y es que es una de las situaciones que más tensión y problemas crea en el contexto familiar.

En la sociedad actual, llena de prisa y con mucha necesidad de inmediatez cada vez resulta más complicado conseguir que los niños obedezcan debido a que no dedicamos mucho tiempo a enseñarles a enfrentar aquello que les resulta difícil o aburrido de hacer. Aunque a priori no encontremos la relación entre desobediencia y tolerancia a la frustración, si nos paramos unos minutos a pensar en ello nos daremos cuenta que van cogidas de la mano. Tratamos de evitar a nuestros pequeños determinadas experiencias que valoramos como negativas y que, en realidad, son aprendizajes primordiales para enfrentarse a la vida.

Para aprender a montar en bici debemos subirnos encima de una, del mismo modo que para aprender a tolerar la frustración debemos enfrentarnos a situaciones que nos generan este malestar. Es la única manera de generar recursos y estrategias que les ayudarán a gestionar de forma asertiva situaciones que no son como esperaban o deseaban o que suponen esforzarse.

No podemos pretender que de un día para otro y a sus cortas edades comprendan sin más lo importante que es para su futuro que realicen sus tareas escolares y que estudien para el examen de mañana. Debe haber un trabajo previo, pero no nos asustemos, no es tan complicado como pueda parecernos. Podemos utilizar situaciones sencillas del día a día para ayudarles a potenciar estas estrategias y desarrollar su capacidad de solución de conflictos.

Por ejemplo, es necesario que los niños experimenten la sensación de aburrirse ya que actualmente planeamos cada minuto de sus vidas con actividades extraescolares, salidas u horas de videojuegos, tablets, móviles… Que un niño se aburra despertará en él recursos tan importantes como el ingenio, la curiosidad, el esfuerzo, la imaginación, la perseverancia y la aceptación de que a veces las cosas no salen como esperamos.

Además, es primordial saber como transmitirles correctamente las instrucciones y seguir siempre la misma pauta sin ponernos nerviosos ni alzar la voz:

1.Las órdenes deben ser específicas, evitando dar demasiadas seguidas o que éstas sean contradictorias.

2. La respuesta de los niños a las órdenes o instruccionesSIEMPRE debe tener una consecuencia; si la respuesta es la que se le solicitaba, la consecuencia será positiva y si no realiza lo que se le pide o hace lo contrario, negativa.

3. Para reforzar positivamente, no es necesario emplear refuerzos materiales. Simplemente con un elogio, un abrazo, una sonrisa puede ser suficiente. Un reforzador muy potente y que nos sirve para fortalecer vínculos es una actividad en familia: un juego de mesa, un experimento, una receta de cocina…También podemos ofrecer un tiempo extra de juego.

4. Si tras un breve período de 3-4 minutos no ha obedecido, se le debe dar un aviso y recordarle las posibles consecuencias negativas que tendrá continuar con dicha conducta («si no vas a la ducha, no podrás jugar a los legos después»).

6. Si continúa sin obedecer se impondrá la consecuencia que se le había advertido y ya no se eliminará, aunque haga lo que tenía hacer un tiempo después.

No obstante, si se generan conflictos diariamente en casa y esto está influyendo negativamente en la dinámica familiar, es aconsejable que consultéis con un profesional de la psicología infantil que os asesore y os guíe para evitar el posterior desarrollo de problemas de conducta.

Andrea Fuentes Marcos CV14125

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